Las Afinidades Electivas inicia en Argentina en el año 2006 creada por Alejandro Méndez. Es una antología en crecimiento exponencial siendo replicada en varios países de nuestro continente y en Europa. Difunde la poesía viva en forma libre y sin discriminación. Si quieres participar, es muy fácil; al ser mencionad@ por un@ poeta, envía a: mendia.gladys@gmail.com lo siguiente: una foto (máx. 50 KB); 5 poemas (indicando título y referencias editoriales, en el caso de tenerlas); una breve reseña personal y una lista de 5 poetas viv@s (incluyendo sus emails) con los que sientas la misma vibra.

viernes, 16 de enero de 2015

KEILA VALL (Caracas, 1974)





Keila Vall (Caracas, 1974). Autora de Ana no duerme, libro de relatos publicado por el Concurso Nacional de Autores Inéditos (Monte Avila Editores, 2008), del poemario Viaje legado (Bid &Co Editor, 2015), y de la novela Los días animales. Ha publicado textos poéticos y narrativos en las revistas Imanhattan y BRIO (New York University, 2012), en “Mermelada para llevar I y II” (2011) y “102 Poetas en Jamming” (OT Editores, 2014) de los cuales es coeditora. Así mismo, en las antologías Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal (Una Sampablera, 2013), Cuentos contados (NYU, 2013), De que va el cuento (Alfaguara, 2011), y en las compilaciones de la Semana de la Nueva Narrativa Urbana (2007) y los Concursos Nacionales de Cuentos SACVEN, y de la Policlínica Metropolitana (2010, Caracas), en los que recibió menciones especiales. Ha estudiado cine, narrativa y poesía. Es Antropóloga (UCV), y Magister en Ciencia Política (USB), Escritura Creativa (NYU), y Estudios Hispánicos (Columbia University). Lleva el blog keilavall.com.

Nombra a:

Patricia Guzmán
Raquel Abend Van Dalen
Jacqueline Goldberg
Kira Kariakin
Adalber Salas Hernández




Del poemario Viaje legado





Memoria cuzqueña

Escalera radical
piedra irregular que al fin encaja
como un guante.
Llevo peso al viaje largo,
camino lenta
            mente
siete siglos en zigzag.

El pasado se acerca
dos colinas
y luego es sólo bajar.

Llego al monumento
muslos ardiendo.
Paso el día mirando el sol,
la perfección incomprensible
de unos bloques elegidos por una gente muy distinta a mí.

Universo perfecto
en la mitad de nada.

Bajo al Cuzco
voy por una pizza,
una cerveza Cristal
un caramelo de coca
la memoria se organiza
gracias a detalles así.

Esta noche tropezaré con un hombre
me acostaré con él.
El ácido láctico terminará
derramado
en una cama de flores desteñidas.

Así es el recuerdo:
en veinte años
mi encuentro con las magníficas rocas peruanas
tendrá siempre a cuestas
un polizón.





Caracas Acuática

I.

En esta mañana acuática
bajo el túnel vegetal de una calle sinuosa
los rayos de sol despiertan
la córnea del tiempo.
Desde el cristal salpicado
transito luminiscencias.
Un bosque techo me abriga.

Gloria al bravo pueblo con las manos 
cruzadas
en rezo invertido
en la zona lumbar.
Cada día el mismo ritual:
hojas de trópico otoñal manchando el cielo
no sé de dónde vienen pero cruzan siempre
las guacamayas
en este lugar.
Falda plisada de poliéster
raspando los muslos.
Yo recito
mientras espero
sin saber cómo se lanza un yugo
o se bajan las cadenas.

Espero.

II.

Subo al bloque de cemento
áspero
y se mece inestable
de puntillas llego a la fuente. Se moja mi barbilla.

La escuela es atravesada
por tozudos retoños gramíneos
tréboles salvajes y dientes de león.

La casa
la caja de arena, el cerro,
el tobogán de los grandes y también
el de nosotros los niños pequeños
el piso de cemento y la rayuela
todo se está agrietando
Tikal selvático.

Mientras los demás corren
en el patio,
toco el dorso invertebrado
y vuelvo esferas los gusanos armadillo.
Los preservo en el cuenco de una mano
los hago rodar por el corredor.
Los rozo y vuelven, otra vez
a enrollarse. Para mí son canicas.

II.

Esta mañana acuática de música vudú
doy un salto al descansillo de la escalera.
Atravieso el aire hasta los brazos del abuelo.
Desde sus cajas Habanas
de madera
con el broche dorado tan pequeño,
insiste el olor adherido a la familia
un aroma dulzón en la casa, en la alfombra vino
en los libros que leo sin plan.
Abro una página,
cualquiera sirve
del Tesoro de la Juventud.
En todas me quedo.

Sobre un dromedario
entro a la cocina
a las islas de peso falso flotando en caramelo y vainilla
siento en el aire el limón rallado
hay frascos ámbar traslúcidos
cabellos de ángel y clavos de olor en el alto mesón.
Niña pequeña en secreto envejezco
heredo el paladar
me vuelvo la abuela que me enseña
intuyo formas de hacer, a veces sin mirar.

III.

Aún no comprendo para qué sirve
el libro tibetano de la muerte
después que la muerte ya ocurrió.
Semáforo luz roja.

IV.

Burbuja que se eleva
no se puede detener
se aleja la niña.
Esa ciudad
esa casa
esa isla de nube
no se alcanzan.
No te enojes,
yo intento no enojarme.
Tengo o construyo fiera un nuevo centro
me empeño.

Las motas de luz en mi rostro
mis brazos en el túnel vegetal
el brillo y la sombra de mi cuerpo dálmata
las gotas que deforman y luego lavan
este domingo
en un presente cualquiera.




 
Diafragma

Nadie sabe con certeza dónde queda el orificio
la vena, el conducto, el pozo turbio.

Para mirarme en esta historia
debo hundir un dedo
o varios
en la carne rosa,
debo hurgar en las costillas
mirar cómo se arquean
y muestran sus bordes navaja.

Son dos las costillas flotantes.
Respiro electroshock,
operación astral
y vuelven a su lugar.

Para mirarme en esta historia me encomiendo a un gato
si es que tienen corte
y puedo encenderles vela.
Tal vez es el hígado, en la punta de mis dedos.

Si subo, en línea vertical,
llego a un domo
al paraguas
que protege
lo que siento que sentí.

El diafragma, me dijeron una vez
es el único músculo
que se inserta en sí mismo.
Una sombrilla extendida a la tormenta
separa la humedad, la antigua sangre
de los huesos que crujen
cada vez que sonríes
o intentas abrazar.

Un puño apenas, una herida
y se abre.
Te expulsa la membrana como si fueses lluvia,
salen los recuerdos catapulta
como gotas sin mojar.

Me sirve de balance
sobre la cuerda floja
este paraguas.
Músculo curioso y fuerte
entre corazón y estómago
no pide nada para comenzar o terminar.

Se inserta en sí.





Correspondencias

I.

A veces siento
y digo siento,
no que pienso:
piel de seda
cuerpo fino papel de seda
cuerpo fino traslúcido
vidente y visto

Una membrana apenas
me dibuja
me sugiere un aparte breve
que de luz me invita
inclina
me vulnera
y responde

A veces sé
y digo sé,
no intuyo
            no deseo,
estoy al tanto y alcanzo
al otro  lado del vidrio

Tras la cortina de nube
un vapor rojo todo lo absorbo
papel fino
papel hojilla me vulnera
No hay que explicar

A veces temo
siento
pisar el musgo descalza
hundirme en pozo tibio enrojecido
¿quién está?

Dar el salto
hundirse en luz temblorosa como llama
¿quién me llama?
yo respondo

II.
                       
A veces siento y sé.
Piel fina que vuelve
verdad naciente
que arrulla el círculo,
viene temblando.

Es momento de la cáscara rota
instante
que llega temblando
vibrando.


Poética

En la cueva del eco se escuchan rozar de asombro
su tacto aleteo
tacto pulso.
Sonidos formativos ordenan el mundo posible.

Atizan los párpados pestañas solares de un beso mariposa
la lactancia encandilada de una historia
que te mece antes del tiempo.

Desde el silencio vibrante
aquel ritmo y su potencia atraviesan tu frontera. Hacia dentro
moldea sístole palabra.

Relatarse en tiempo medido,
contarse.
Subir la montaña dibujando una m

y en un momento
pausar.

Re-comenzar.
Reincidir.
Darle.

Del arquetipo rupestre
pedestre
como única y precisa reunión
anclarse.

La expresión te cerca.

Foco y luz. Fuera no hay cartografía.
Lenta te ocupas
de una gota
que se derrama

va cayendo

va cayendo

entra.

Cristal macro para el anverso invisible de una piel porosa
receptiva a la viscosidad que incierta
                                  
                        cruza

al otro lado.

Tú estás allí para verlo.
El reverso es cualquiera.

A esta hora
todo poema es posible.

jueves, 3 de abril de 2014

LENA YAU (Caracas, 1968)



Lena Yau (Caracas, 1968) Escritora de ficción. Especialista en el vínculo literatura/gastronomía. Periodista. Investigadora.
Licenciada en Letras (UCAB) Master en Comunicación Social (UCAB) y culminó las asignaturas de un Doctorado en Filología Hispánica (Universidad Autónoma de Madrid). Asesora literaria de El sabor de la eñe, publicación del Instituto Cervantes. Colabora con artículos de opinión en la prensa de USA y de Latinoamérica y con revistas  como El Rapto de Europa y Otro Lunes. 
Ha dictado conferencias sobre literatura digital y sobre literatura  y gastronomía en las sedes del Instituto Cervantes en Pekín, Shanghai, Beirut, Utrecht, Palermo y Madrid. Es autora del blog Mil Orillas y de la novela Hormigas en la lengua que será publicada este año por Sudaquia. Autora de dos poemarios de próxima edición: Del Hambre y Oniria.



Nombra a: 


Adriana Bertorelli Párraga 

Yolanda Pantin  

Juan Carlos Bertorelli 

Kira Kariakin  

Keila Vall  





Del hambre



Esas piedras
que me arrojas
son el mal pan
de tu infancia.



VI
A Camilo Pino.
Las dunas se movían hacia mi plato de sopa.
Y yo que no, que no, dunas quietas, fuera de mi plato, por favor. 
Entonces dejaron de moverse y mi sopa se transformó sucesivamente en carpaccio, albóndigas de anchoas, bocartes vivos que sacudían las aletas. 
Abrí la ventana: las dunas eran olas. 
Los bocartes saltaron. 
Hambre, pensé. 
Desperté.



VIII

El ansia sumó letras
El deseo infló las sábanas
El vacío se despeñó del lienzo.

(La bestia respira fuerte sobre tu nuca).

Antes del verbo
y de la carne
fue el hambre.



Nested

Hilos dulces van de tu lengua a la mía.
Me alimentas como a un ave.
Yo abro los ojos y la boca al mismo tiempo.
Sin pensar.
Ávida y dócil
me esponjo y me comprimo a la vez.
Somos un nido allende los sueños.



Parhelia

Despertar de los ojos de la niña muerte,
del pez que intento devolver al estanque
con las varillas de un abanico isabelino
que antes estuvo en Aranjuez,
despertar de sus trozos destrozos de cristal gelatina,
blancos irisados pútridos,
de la sauna pública, de una vitrina sucia y de la náusea,
del baile de gogós submarinistas,
de un subterráneo,
del inglés al español al ladino al francés,
de ladrones plurilingües,
entender sin entender
siríaco y friulano,
rogarle a Plinio El Viejo
entre lágrimas
que olvide al volcán,
huir de una nube ardiente de azúcar rosa.
Despertar de golpes de tacón en mi frente,
de cámaras fotográficas perdidas,
de agendas y plumillas recuperadas,
abrir los ojos sucesivamente,
encenderle la luz a cada pequeño horror.
Descubrir que la tachadura
rompió el papel
que llevaba mi nombre.
Prensar los párpados.
No quedan sueños.